Medellín nos recibió a las 2:30 de la tarde del sábado 21 de agosto, agotados por un viaje de casi 15 horas. Las primeras imágenes de la ciudad nos recordaron al Valle de Caracas y sus cinturones de pobreza en los cerros, pero poco a poco nos fue cambiando la visión, por la de una metrópolis que lucha exitosamente para deslastrarse de los vestigios de su pasado violento.
Más allá de las obras públicas, evidentes a través de una gran red de metro, amplias y limpias avenidas, ciclo-vías, parques y museos, se siente el avance de una visión de ciudad, compartida por sus habitantes, que viven a un ritmo vertiginoso, pero que se comportan amables con su entorno y con los visitantes.
El Gran Hotel Medellín nos acogió de inmediato, donde nos esperaba un almuerzo organizado por la Red de Escuelas de Música de Medellín, a través de su directora, la Dra. Martha Eugenia Arango, quien se hizo presente para darnos la bienvenida de manera casi personalizada.
Debido al cansancio generalizado, las actividades programadas para este día fueron pospuestas para el domingo, dejando la tarde libre para el descanso y para los planes personales de cada integrante de la delegación.
Algunos optaron simplemente por quedarse en el hotel como alternativa reparadora, otros fueron en busca de algún entretenimiento nocturno, y unos pocos nos dedicamos a indagar sobre los sitios turísticos de interés de la ciudad, antes de encontrarnos de nuevo para la cena, con los detalles para la jornada del día siguiente.
Más allá de las obras públicas, evidentes a través de una gran red de metro, amplias y limpias avenidas, ciclo-vías, parques y museos, se siente el avance de una visión de ciudad, compartida por sus habitantes, que viven a un ritmo vertiginoso, pero que se comportan amables con su entorno y con los visitantes.
El Gran Hotel Medellín nos acogió de inmediato, donde nos esperaba un almuerzo organizado por la Red de Escuelas de Música de Medellín, a través de su directora, la Dra. Martha Eugenia Arango, quien se hizo presente para darnos la bienvenida de manera casi personalizada.
Debido al cansancio generalizado, las actividades programadas para este día fueron pospuestas para el domingo, dejando la tarde libre para el descanso y para los planes personales de cada integrante de la delegación.
Algunos optaron simplemente por quedarse en el hotel como alternativa reparadora, otros fueron en busca de algún entretenimiento nocturno, y unos pocos nos dedicamos a indagar sobre los sitios turísticos de interés de la ciudad, antes de encontrarnos de nuevo para la cena, con los detalles para la jornada del día siguiente.
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