martes, 24 de agosto de 2010

Bitácora del primer día de viaje

El periplo empezó en la Sala de Conferencias "Hesnor Rivera" de la Biblioteca Pública del Estado Zulia, diez minutos antes de las nueve de la mañana del miércoles 18 de agosto. Esperábamos el bus que nos llevaría a La Raya, como se le conoce al punto limítrofe entre Venezuela y Colombia. La Orquesta de Cuerdas de la Festival y Academia del Nuevo Mundo venía de hacer el primer gran concierto de la gira de la undécima edición del FANM en el Teatro Baralt, el domingo 15 de agosto, envuelta en el aura de los 127 años de historia de este ícono de la ciudad. La noche antes de emprender la gira, la Orquesta había dado el mismo concierto en el Club Náutico de Maracaibo.

A las 12 del mediodía se inicio el recorrido por la vía que conduce de Maracaibo a Paraguachón, un viaje de aproximadamente dos horas, a lo largo de la costa occidental norte del lago de Maracaibo, atravesando los municipios Mara y el ahora Guajira, antes Páez. Una frontera abandonada y de carreteras inexistentes nos recibió a las dos de la tarde, lo cual nos llevó a reflexionar sobre aquella premisa que reza que en la frontera empieza la patria. Tres horas nos tomó acceder a Colombia, cumpliendo con los trámites requeridos en el puesto fronterizo venezolano y en el lado colombiano. A las cinco de la tarde pasamos por Maicao, después de comernos un refrigerio a bordo del bus como recompensa por la paciente espera. En Maicao vimos pasar por las ventanillas del bus los productos que escasean en los anaqueles de Venezuela: leche La Campestre, harina Pan y el preciado oro liquido, el aceite comestible. A 0,22 cambiamos los bolívares por pesos, haciendo multiplicaciones mentales para ver si realmente la tasa era favorable o contraria a nuestra moneda nacional, en base al valor de un refresco, cuyo costo es de 1.000 pesos.

La lluvia y el retraso nos obligaron a posponer el concierto en Barranquilla, pero nos permitieron hacer una parada turística que no teníamos en cuenta: El Rodadero de Santa Marta, la ciudad donde hacía exactamente una semana se habían reunido los presidentes Chávez y Santos para restablecer las relaciones diplomáticas, en homenaje al lugar donde exhaló su último suspiro el Libertador Simón Bolívar.

Bajo una persistente lluvia que nos acompañó casi todo el camino, llegamos al hotel Atrium Plaza de Barranquilla, donde, a pesar del agotador trayecto, todos llegamos con el mismo entusiasmo, decididos a llevar los sueños del nuevo mundo a los niños que nos esperaban en Cartagena, antes del primer concierto.

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